La incontinencia no debe ser naturalizada
Muchas mujeres suelen entrar al consultorio con una queja habitual: “Doctora, no es grave… son solo unas gotitas”.
Esos pequeños escapes al toser, reír o estornudar, junto con esas ganas urgentes de ir al baño o el aumento de la frecuencia urinaria, son síntomas sutiles que muchas minimizan. En conversaciones cotidianas, se presentan casi como un tema más entre amigas, como si fueran parte de la normalidad de ser mujer. Pero, desde la perspectiva médica, merecen atención.
La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de orina. Aunque es bastante común, eso no significa que sea normal. Este es uno de los errores más comunes que observamos en consultorios. Y es esencial entender que no está “normalizado”.
Lo cierto es que esta situación no es solo algo que les sucede a mujeres mayores. Puede aparecer tras un embarazo o un parto, durante la menopausia, en mujeres jóvenes, o en cualquier etapa de la vida. La buena noticia es que en la mayoría de los casos, hay opciones que pueden ayudar a resolver o mejorar este problema.
Cambios que afectan la salud
Los motivos detrás de la incontinencia son variados. Durante el embarazo, la presión abdominal incrementa, afectando el suelo pélvico —un conjunto de músculos y ligamentos que sostienen los órganos pelvicos—. Durante la menopausia, la disminución de estrógenos impacta en la calidad del tejido urogenital, lo que puede llevar a aparición de síntomas.
Además, hay otros factores a considerar, como el sobrepeso, el sedentarismo y ciertos hábitos al ir al baño. Todo esto no significa que hay que resignarse; al contrario, es clave entender qué está sucediendo para poder abordarlo adecuadamente.
Manejo y soluciones
Sin embargo, muchas mujeres intentan lidiar con la incontinencia solas. Reducen su ingesta de líquidos, van al baño “por las dudas”, hacen ejercicios sin guía, se automedican o evitan actividades que disfrutaban. Aunque lo hacen con buena intención, a menudo los resultados son contraproducentes, ya que pueden aumentar la ansiedad y el malestar.
El tratamiento debe ser siempre personalizado, dependiendo del tipo y grado de incontinencia. Esto puede incluir rehabilitación del suelo pélvico con kinesiólogos especializados, ejercicios guiados como los de Kegel, cambios en hábitos de alimentación e hidratación, tratamientos hormonales o, en algunos casos, procedimientos mínimamente invasivos o cirugía. Hoy en día también existen productos absorbentes diseñados especialmente para pérdidas urinarias, que permiten llevar una vida normal sin sacrificar la calidad de vida.
Impacto en la vida diaria
La incontinencia no solo afecta el cuerpo, sino también la autoestima, la sexualidad y la vida social. Muchas mujeres dejan de viajar, de hacer ejercicio o de salir por miedo a un escape. Este silencio comúnmente se sostiene en la idea de que “es normal, a todas les pasa”, pero eso no es cierto.
A lo largo de mi carrera, he visto a muchas pacientes que posponen la consulta por vergüenza o por pensar que no hay solución. Sin embargo, al llegar finalmente, la mayoría siente un gran alivio al descubrir que hay opciones y que no están solas.
Si hay una idea que debería ser derribada, es la que sostiene que la incontinencia es normal y no tiene solución. Esta creencia causa mucho daño y retrasa el cuidado.
Perder orina no debería considerarse algo típico. Es una señal del cuerpo que necesitamos escuchar. Consultar, informarse y actuar a tiempo es una forma de cuidarnos y, en muchos casos, el primer paso hacia una solución.